Hablemos con sinceridad, el viaje a la profundidad de los sueñosy el amor tan cerca del éxito. Parte de la vida que tanto emerge con los deseos, de cada uno. La vida como la quiero.
La fuerza de la naturaleza emergida de un volcán, pasiones de caldera en ebullición
Dicen del arado, él qué surca la tierra con las manos al timón y las bestias con su empuje rompiendo la piedra, esa nueva vida que florece con la semilla repartida a diestro de quien cultiva. La sorpresa de la vida, al cobijo de tu manta, jardín de la infancia, para crecer fuerte.
Nuevas amapolas, tus colores que tanto transmite, y la cosecha a la espera que se convierta, con los llenos de las cestas, el pueblo contigo.
La lluvia, ese don de la tierra, que calma la espera, para ser vida.
Agua que me das la cosecha.
Por un año, que se repita la bonanza, el cielo con su reparto de nubes, acuérdate del agricultor que tanto te llama.
El escaparate, esa imagen a través del cristal transparente, o de la cámara, para ver algo nuevo de sorpresa que llama la atención al transeúnte, a ese público universal que está pendiente de las novedades, noticias que afloran según el antojo de quién las muestra.
La donna movile versión latina, por la vida, ése baile de dominar al mundo, con el tango, con el mate de tu aroma.
Nació entre barracas con un pueblo dado a la vida. El pibe, él pelusa, el Ché, de los aplausos dentro de cualquier estadio. Uno más con el diez en el dorsal, pero que se hizo único, el hito transversal con su desición de jugar al football, Hoy el mundo se rinde, con tu adiós a la vida.
Tu parte de tanta emoción, ese rato de verte jugar, con el verde de tu campo, tan mimado como el regateo de tus pasos, hacia el gol del triunfo.
¡Argentina! Tu cuna, tu vida, que te recuerde el mundo, con las raíces del gaucho, galopando detrás de un balón para el gol, tremenda fortuna, tu en la vida.
Tango, qué, como la música, es gloria tan compartida.
Para el pueblo del mundo, ese que llena cualquier estadio, el balón, la vida contigo.
Cómo homenaje a tanta figura.
Diego Armando Maradona
Descansé en paz.
Las motos, todas las marcas de cualquier fabricante del mundo, se rinden ante tanto antojo, por hacer lucir el espectáculo del escaparate ante tanto gusto. Mi amigo y el de todos que tiene nombre, aquí en Gran Canaria, Feli Santana.
Surgió, como el mar con la ola, después de una noche, a la aurora, camino de la playa, la sombra del amor, la unión y la pasión, sueños que rompen el corazón, tenerte abrazada.
Besos de locura, tus carias donde más hiere, dame mujer la vida.
Dame mujer la vida.
Dame mujer la vida.
Y al arroyó de tu cuerpo con el mío
No me quites la pasión
Que no quiero dormir nunca
Tus labios en los míos
Ese destello de luz, la vida contigo.
Dame mujer la vida.
Por todos los artesanos del mundo, tanta historia en sus manos, el legado de una civilización la nuestra, que acapara el asombro de cada cual lo intertrete.
La Tierra, la azul del universo, la sangre en las venas, la vida en un recorrido de mares y ríos al antojo de la naturaleza.
La piedra, esa que muere después de tantos siglos y por los siglos de nuestra existencia.
Al arroyo de la música que despierta el sentimiento del arte en la esencia.
Las manos del mundo por verte de cerca.
Por todos los qué ya no están y por todos los presentes. Que abren la luz del misterio en la permanencia.
El día con la noche, que nunca duerme con el resultado de verte más bella.
Los artesanos que nunca mueren y que siempre están cerca.
Para el amigo Pepe Ramón vecino de Tejeda y Artenara.
Hay un hombre en Tejeda de costumbres del campo, la paz de su cuerpo rodeado de matos , del cultivo con la tierra, sus manos al pie del tajo, barrancos y su caldera volcánica la de Guardaya hasta Tejeda, su amada, su ilusión del alma, el mimo de su infancia.
Verte crecer con los ancestros en tu cuna, que hoy te reúnes con ellos y nos dejas el recuerdo de tan buena persona.
Tus amigos todos, los de Tejeda y Artenara
Hoy el cielo da fe de tu llegada, con la lluvia que tanto deseabas.
La Tierra te esta llamando, Lluvia lluvia, agua agua, llueve llueve. Se oye la llamada del campo que agoniza, del campo dorado y árido, de las ramas secas. Ver tu agua regar la Tierra, la paz del monte que desespera, nubes grises las más bellas, la vida escondida en la húmeda bruma, los pétalos de las flores que se abren al cielo.
Lluvia lluvia, agua agua, llueve llueve.
Las manos de un artesano, mi amigo querido con toda mi alma, ¡Richarson! De la escuela con los motores que dejan la gracia de tantas carreras, con la puesta a punto, con la bendición especialista, tu modo, de ver la bandera del primero con la batalla.
La chispa de la vida, la sociedad en las calles de la ciudad, motores que rugen con el placer de la movilidad, mi casa la tuya con el despertar profundo de la libertad.
Bombas que rompen los sueños de quiénes murieron antojo de poner el punto y final.
El arte con el capricho de sentirse cada vez más vivo.
Nada podrá imponer las ganas de mejorar, todos quieren volver a empezar.
Las calles limpias con la libertad.
Hoy que se cumplen diecinueve años del atentado de las Torres Gemelas, El World Trade Center.
No hay bombas ni guerras en el mundo, que apaguen la luz espiritual, la vida del hombre, en ésta tierra bendita, el legado de Dios.
Guerra a la vulgaridad
y que se imponga el bien contra el mal.